Un cliente, fabricante de muebles de oficina, me contactó para fotografiar sus «cabinas de silencio» instaladas en un coworking de Barcelona.

Siempre prefiero que el cliente esté presente durante la sesión. Así nos aseguramos de que todo queda perfecto y podemos hacer ajustes o tomas adicionales al momento. Pero en este caso, el cliente estaba en otra ciudad. Así que lo preparamos todo al detalle: hablamos de sus necesidades, revisamos cada requisito y coordinamos con el coworking para que todo estuviera listo. Para darle más opciones, hice más fotos de lo habitual. Así tendría libertad para elegir las que mejor encajaran con su visión.

La historia detrás de la foto principal

Durante la sesión, había un perrito corriendo por el coworking. Se me ocurrió la idea de capturarlo mirando hacia la cabina… pero el perro tenía otros planes. ¡Era demasiado activo y no colaboraba!

Así que le pedí ayuda a la limpiadora, que era su amiga. Ella lo llamó y lo guió para que mirara justo donde yo necesitaba. En ese momento, hice dos tomas: una con ellas y otra sin ellas, sin mover la cámara. Luego, en la edición, integré solo al perro en la foto final.

Puede que no parezca algo complicado… pero para que todo salga bien en el momento clave, se necesitan tres cosas: conocimiento, experiencia y la habilidad de aprovechar cada situación.
Y cuánto más tiempo llevo en esto, más fácil me resulta encontrar soluciones creativas sobre la marcha.

cabina telefonica con puertas y cerradas

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