Hace poco estuve haciendo una sesión en una masía restaurada cerca de Viladrau, en plena naturaleza. Solo llegar, ya me di cuenta de que este lugar tenía algo especial. La casa está llena de detalles que hablan del cariño con el que se ha hecho todo: piedra, madera, forja, rincones pensados para descansar o simplemente mirar alrededor.

La dueña no ha querido modernizar por modernizar. Ha mantenido la esencia de la casa y ha añadido elementos que encajan con el entorno y con la historia del sitio. Nada está puesto porque sí. Todo tiene sentido.

Dentro hay espacios amplios pero cálidos. Un recibidor con arco de piedra que te da la bienvenida, techos con vigas vistas, chimeneas, muebles clásicos, lámparas con carácter…

Cada habitación tiene su atmósfera. Algunas más sobrias, otras con toques más atrevidos, pero todas muy cuidadas.

La cocina me pareció especialmente acogedora. Grande, con baldosas artesanales y una mesa de madera donde uno se imagina fácilmente una comida larga, de las que se alargan entre conversación y sobremesa.

Y no me olvido de los baños y dormitorios. Algunos con papel pintado, otros con cerámica, todos distintos, todos con personalidad.

Dormitorios con luz suave, tejidos agradables, vistas al bosque. Uno entra y siente que puede quedarse ahí sin prisa.

Lo que intento con mis fotos es precisamente eso: que quien las vea sienta el ambiente del sitio. No solo mostrar cómo es una casa, sino cómo se vive en ella. Que se vea que es un lugar pensado para estar, para desconectar, para celebrar algo o simplemente para parar.

En breve haremos una segunda sesión, esta vez centrada en la parte exterior, que también tiene muchísimo que contar. Pero por ahora, con estas imágenes, creo que ya se puede intuir bien el alma de este lugar.

Y si tú también tienes un espacio que merece ser contado con imágenes, me encantará escucharte.